Resucitar el Duelo

resucitar el duelo alvaro saval-01

Superar una ruptura ya tuvo su propio post. Aunque siempre me gusta seguir añadiendo cosas, ideas, prácticas que pueden ayudar a salir de ese momento, voy a dejar eso tal y como está. Añadiré una cosa que veo mucho últimamente.

En la analogía de duelo por la muerte de alguien y superación de una ruptura se obvia muchas veces que la pareja puede resucitar. A buenas, a malas o a regulares. Pero sigue por ahí. Si eso es rapidito la gente suele estar un poco resentida y decide aplazar para más tarde. Si hay suerte encontrará otra persona (o ya la tenía de antes). Si se vuelve tiempo después es otro tema.

Pero en la cicatrización de la ruptura, las reconciliaciones son hurgar, tocar, rascar, sobetear la herida. No parece buen plan. Que aquello se gangrene y haya que amputar el miembro es poco probable pero puede pasar. Lo que pasará con total probabilidad es que la herida tarde más en curar. Curará sola pero se le puede ayudar. Para eso se puede ir a terapia. Y no en plan “voy a morir”. Simplemente como ayuda puntual para superar una experiencia que puede ser dura.

El Tiovivo de las Reconciliaciones

De mi experiencia en esto no me gusta sacar cálculos de tiempo y demás, pero sí que me encuentro con cierta frecuencia una circunstancia: cuando aquello parece que ya está, la gente puede decidir darle otra oportunidad al amor. Es normal. Es comprensible, entendible, cómodo, fácil, bonito a su manera. Yo qué sé. No es malo en sí. Pero esconde un reverso que tiene su peligro. Si aquello no estaba del todo bien cerrado, se puede abrir. Hago el símil con la herida porque no me gusta hablar de resurreción. Pero sobre todo lo hago porque la analogía nos recuerda que la herida se abre por el mismo sitio.

Puede provocar otros daños, infectarse o presentarse de manera diferente, pero los fallos que hicieron fracasar una vez suelen repetirse. Lo que intento explicar es que hay que volver a empezar. La gente lo toma de buen agrado porque ya ha visto que ha funcionado. Pero queda un riesgo en este vaivén de las relaciones. Que al final no cierre. O que quede demasiada marca. Todo el mundo tiene sus marcas, pero no a todo el mundo le impacta igual mirárselas. Y te las vas a mirar, claro. Qué remedio. Es fácil caer cada vez que vuelves a conocer a alguien en pensar en la cicatriz que quedó. Pero suele ser menos peligroso una nueva herida que seguir jugando con la que teníamos.

Y si todo ya está bien ¿qué?

Lo que decía de si el caso se da tiempo después.  Aquí mi planteamiento presenta una contradicción, una incoherencia. Soy consciente pero es que lo veo así.

Tiempo después (el suficiente como para que se haya superado de verdad) puede volverse a intentar.

Las circunstancias pueden ser diferentes, las personas maduran y pulen defectos (algunos) y es posible que en otro marco la relación funcione. Pero la gente no tiene cambios radicales. Si las incompatibilidades fueron grandes, es lógico pensar que es factible que se repitan. No obstante enfocando la relación como una nueva relación y no como la anterior, puede funcionar. Es un caso diferente a estar dejándolo y volviendo en el período que dura el duelo.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *