Resucitar el Duelo

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Superar una ruptura ya tuvo su propio post. Aunque siempre me gusta seguir añadiendo cosas, ideas, prácticas que pueden ayudar a salir de ese momento, voy a dejar eso tal y como está. Añadiré una cosa que veo mucho últimamente.

En la analogía de duelo por la muerte de alguien y superación de una ruptura se obvia muchas veces que la pareja puede resucitar. A buenas, a malas o a regulares. Pero sigue por ahí. Si eso es rapidito la gente suele estar un poco resentida y decide aplazar para más tarde. Si hay suerte encontrará otra persona (o ya la tenía de antes). Si se vuelve tiempo después es otro tema.

Pero en la cicatrización de la ruptura, las reconciliaciones son hurgar, tocar, rascar, sobetear la herida. No parece buen plan. Que aquello se gangrene y haya que amputar el miembro es poco probable pero puede pasar. Lo que pasará con total probabilidad es que la herida tarde más en curar. Curará sola pero se le puede ayudar. Para eso se puede ir a terapia. Y no en plan “voy a morir”. Simplemente como ayuda puntual para superar una experiencia que puede ser dura.

El Tiovivo de las Reconciliaciones

De mi experiencia en esto no me gusta sacar cálculos de tiempo y demás, pero sí que me encuentro con cierta frecuencia una circunstancia: cuando aquello parece que ya está, la gente puede decidir darle otra oportunidad al amor. Es normal. Es comprensible, entendible, cómodo, fácil, bonito a su manera. Yo qué sé. No es malo en sí. Pero esconde un reverso que tiene su peligro. Si aquello no estaba del todo bien cerrado, se puede abrir. Hago el símil con la herida porque no me gusta hablar de resurreción. Pero sobre todo lo hago porque la analogía nos recuerda que la herida se abre por el mismo sitio.

Puede provocar otros daños, infectarse o presentarse de manera diferente, pero los fallos que hicieron fracasar una vez suelen repetirse. Lo que intento explicar es que hay que volver a empezar. La gente lo toma de buen agrado porque ya ha visto que ha funcionado. Pero queda un riesgo en este vaivén de las relaciones. Que al final no cierre. O que quede demasiada marca. Todo el mundo tiene sus marcas, pero no a todo el mundo le impacta igual mirárselas. Y te las vas a mirar, claro. Qué remedio. Es fácil caer cada vez que vuelves a conocer a alguien en pensar en la cicatriz que quedó. Pero suele ser menos peligroso una nueva herida que seguir jugando con la que teníamos.

Y si todo ya está bien ¿qué?

Lo que decía de si el caso se da tiempo después.  Aquí mi planteamiento presenta una contradicción, una incoherencia. Soy consciente pero es que lo veo así.

Tiempo después (el suficiente como para que se haya superado de verdad) puede volverse a intentar.

Las circunstancias pueden ser diferentes, las personas maduran y pulen defectos (algunos) y es posible que en otro marco la relación funcione. Pero la gente no tiene cambios radicales. Si las incompatibilidades fueron grandes, es lógico pensar que es factible que se repitan. No obstante enfocando la relación como una nueva relación y no como la anterior, puede funcionar. Es un caso diferente a estar dejándolo y volviendo en el período que dura el duelo.

La Culpa por elegir mal

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Si alguien te diese 20 euros y te diese un tiempo escaso para hacer una lista de la compra con un valor claramente superior, seguramente tendrías complicado cumplir el encargo. Acabarías comprando sólo algunas cosas y buscando opciones rocambolescas para conseguir el objetivo. Casi con total probabilidad, podemos afirmar que no conseguirías el objetivo. Probablemente no te sentirías muy mal, era un objetivo realmente imposible. No tenías condiciones para hacerlo. Las normas deberían haber sido otras.

Encontrar la pareja ideal es complicado.

Buscar pareja no es igual, pero es complejo. Tienes unas habilidades personales, un entorno determinado, unas condiciones socioeconómicas, una cultura y un tiempo. Además tienes marcado un determinado tipo de relación que puede que no sea tan fácil (no lo es) de llevar a cabo de manera positiva. En cambio el fracaso se vive con gran desazón. “Me equivoqué eligiendo” (como si hubieses tenido 100 opciones abiertas), “no me he esforzado lo suficiente” (las mentiras del liberalismo son transversales a todas las esferas de nuestra vida) o “nadie me aguanta” (bueno, no conoces a todo el mundo). La culpa es un sistema de fidelización bastante útil. Para cualquier doctrina social, política, religiosa y en la mayoría de relaciones la culpa hace creer a cualquier persona que todo está bien pero que lo está haciendo mal. El fallo individual niega los problemas colectivos. “Tengo que hacerlo mejor” en vez de “esto no hay quién lo haga”.

Seguro que haces cosas mal.

Tienes carencias, obviamente. Algunas puede que bastante graves. Haces cosas mal. Puede que tengas una tendencia a escoger ciertos perfiles de gente que en realidad no te convienen. Ok. Y la mayoría de esas cuestiones personales se pueden mejorar. Eso, no obstante, es una parte. Luego hay otra serie de condicionantes que no depende exclusivamente de ti para poder encontrar relaciones satisfactorias. Ni el universo conspira a tu favor ni el destino te prepara algo mejor. Simplemente tienes que ocuparte de mejorar tu parte para tener la preparación adecuada. La posibilidad de relacionarse, existe siempre. La posibilidad de relacionarse de la manera concreta que queremos, es más complejo. Pero hay que contemplar a las personas como eso, como personas, no como potenciales x (sea x cualquier tipo de relación).

Tolerar la frustración.

De todas las ideas que se ponen de moda en el campo de la psicología esta es mi preferido. Las expectativas son realmente complejas así que las frustraciones son habituales. Pero esto casa mal con otro mensaje habitual: “si quieres, puedes” que no me gusta. La realidad es que va a haber situaciones que no van a salir de la manera que habíamos planeado. ¿Debemos caer por ello en una profunda decepción que nos deje sin ganas de hacer otras cosas? Pues podemos sentirnos mal, evidentemente una decepción es una decepción pero es que tenemos que aceptar un axioma fundamental del ser humano “podemos desearlo todo, pero no podemos tenerlo todo”. Así que en esas elecciones y en las formas en que afrontemos lo que nos viene sucediendo está otro de los secretos para tener una vida buena.

Ya, ya pero es que yo me he equivocado de verdad.

Sí, puede ser. Faltaría más. Pero la falibilidad es humana así que salvo excepción alienígena o divina poco factible te seguirás equivocando. Hay que ver por tanto qué cosas nos llevaron a cometer esos errores y qué vamos a hacer para arreglarlo. Lamentarse también, claro, pero a medio plazo sirve de poco.

Cómo Superar una Ruptura

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El desamor es uno de los principales motivos de suicidio. El suicidio la principal forma de muerte violenta, a mucha distancia de los accidentes de tráfico. Estamos por tanto ante una situación dramática y las explicaciones que se escuchan al terminar una relación son siempre tremendas. Desde tristezas muy profundas hasta crisis existenciales, el momento suele verse envuelto de una épica tremendamente compleja.

En parte está bien que así sea. Si alguien quiere y pierde es normal sentir la pena. Ya no podemos compartir todo con la persona con la que habíamos decidido hacerlo. Es en las parejas donde se concentra una mayor dosis de vulnerabilidad.

La fragilidad de saber que estás concediendo a alguien el poder para destrozarte mientras mantienes la esperanza de que no lo hará. La ruptura duele, no solamente por lo que tiene que ver con la ruptura, también nos activa miedos y traumas pasados. Nos posiciona en una incertidumbre ante el futuro.

Superar una Ruptura de Pareja

Bien, bueno, la redacción hasta el momento está siendo bastante negativa. Poco acorde con el título. Pero lo cierto es que hay esperanza. La inmensa mayoría de rupturas se superan. Muchas en plazos relativamente cortos. La vida sigue y nosotras, que pensábamos que no podríamos, seguimos con ella. Encontrando nuevos amores, desamores y otras experiencias que posiblemente no pensábamos vivir pero que resultan gratificantes o estimulantes.

Ahora me estoy adelantando.

Cuestiones a tener en cuenta en la Ruptura

En el momento de la ruptura hay una serie de cuestiones a tener en cuenta:

  • No importa mucho (al menos ahora) repartir culpas y entender los motivos. Las cosas son así y toca adaptarse. Cuando estemos mejor ya analizaremos qué fallos hubo y si se pueden solventar.
  • Es normal estar triste, sentirse mal y sin esperanzas. Es normal pero no debe cronificarse ni hacer de ello un martirio especial. Prácticamente todo el mundo ha pasado por ahí. No creas que tu dolor es el peor de la historia del desamor en la humanidad.
  • Haz cosas. Fundamentalmente aficiones. Trata de tener la mente distraída.
  • Limita la comunicación. Al menos hasta que las cosas se aclaren (especialmente si se ha pedido un tiempo o si la ruptura ha sido en una discusión y parece que habrá reconciliación) tratar de limitar la comunicación.
  • Desahogarte. Encuentra personas de confianza para desahogarte.
  • Evita situaciones dolorosas. Evita (si puedes) aquellas situaciones que sepas que te van a resultar dolorosas.
  • Mantén la calma. Esto también pasará.

La Culpa después de la ruptura

No quiero terminar este post sin reflexionar sobre algo que es fundamental. La culpa. Ese remordimiento que se siente interno pero que siempre tiene un origen externo.

Nos sentimos culpables porque así nos han educado. No aporta nada. Ningún valor, ninguna solución, ninguna mejora. La situación seguirá estando mal pero es que además te sentirás mal por estar mal en una compleja espiral que suele producir ciertos retrasos en la evolución y superación de las rupturas. La culpa es común a ambas partes.

La Persona que deja

La persona que deja se siente mal por haber tomado la decisión (que será el tiempo y lo que vaya pasando quien nos podrá permitir verlo como algo bueno o malo pero no somos capaces de saberlo en ese momento, salvo en algunos casos que es evidente que mejor dejarlo).

La Persona dejada

La persona dejada se siente mal, se siente culpable porque cree que lo podría haber hecho mejor, que ha fallado o que no se ha esforzado lo suficiente.

Es bueno asumir en esta parte que las relaciones terminan muchas veces sin un motivo, sin un fallo concreto. Suele ser un cúmulo de situaciones lo que lleva a terminar la relación. Situaciones que tienen que ver con la convivencia, con otras personas, con el agotamiento o con la dinámica propia del enamoramiento y el amor.

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