El Mito de la Exclusividad Sexual

Hablar de exclusividad sexual implica hablar con perspectiva de género. En realidad todo obliga a hacerlo pero algunos temas más especialmente.

Exclusividad Sexual en la Monogamia tradicional

La exclusividad sexual en la monogamia tradicional tiene más que ver con la mitología y con la recreación de grandes hazañas que con la realidad. Desde el más simple tonteo hasta llevar dobles o triples vidas, la vida sexual fuera de la pareja es un hecho bastante más común de lo que creemos. Otra cosa es que la mayoría de infidelidades queden tapadas, escondidas y nunca se sepa de ellas.

El hombre gozó desde siempre de la posibilidad de acostarse con otras mujeres (o con otros hombres). Consentido de manera tácita o simplemente manteniendo la unidad del matrimonio por dignidad o apariencia.

Desde arriba hasta abajo, la infidelidad masculina resulta transversal a cualquier clase social. Cosa de reyes, algunos con especial “éxito”, y del pueblo más llano. Es la reclamación de las mujeres, la revolución sexual y los pasos que se han ido dando para su liberación lo que hace repensar el concepto de exclusividad. Lento, bastante lento.

Aún hoy es fácil encontrar parejas en las que los roles no se han movido.

Mi madre y mi padre solían recordar una frase de su época “catedral una, parroquias muchas” que define bastante bien una de las grandes mentiras sobre las que se construye la idea de monogamia. Mentira necesaria e imprescindible. O, como me gusta decir, ocultación de la verdad. No es necesario mentir sobre algo sobre lo que nadie pregunta.

La posibilidad de acostarse con otras personas es cada vez mayor. Y la probabilidad de encontrar a alguien con quien tener, al menos, las ganas tiende al 100%. ¿Se debe negar la posibilidad? He ahí un debate interesante sobre si las parejas deben abrirse o no cerrarse.

La Fidelidad

Entiendo como fidelidad el respeto al pacto que se haya establecido.

El problema muchas veces es que ese pacto no se explicita, de manera que al empezar a quedar damos por hecho que se suspenderá la relación con otras personas.

Es importante este matiz porque mucha gente considera que no se puede “conocer” a varias personas a la vez. Poniendo la exclusividad como algo previo incluso a la constitución de la pareja. Entiendo que la gente lo hace libre y por propia voluntad.

Cree haber encontrado a alguien lo suficientemente especial para no invertir tiempo en otras relaciones. Es una opción que se encuentra absolutamente legitimada en nuestra sociedad, suscita más críticas quedar con varias personas a la vez según mi propia experiencia.

Lo que sugiero es que hay que verbalizarlo, comentarlo o hablarlo. Porque puede que hoy en día no todo el mundo tenga tan claro que no se puede conocer a varias personas a la vez. La comunicación como pilar fundamental de la relación.

Mi postura personal es que la exclusividad ya está rota y ahora el paso es saber si se cuenta, si se hace de manera explícita o, por el contrario, si hay que apuntarse en alguna web para que te organicen la coartada.

Hablamos en esta entrada solamente de sexo. No de simultanear vínculos afectivos. Simplemente de poder mantener relaciones sexuales con otras personas fuera de la pareja. Los matices tipo: sólo de manera esporádica, no con la misma persona, determinadas prácticas, no con gente conocida, fuera de casa, con conocimiento, en locales de intercambio…son eternos.

Acabemos con la Ley del Embudo

Pero el paso previo a todo es saber si queremos o no queremos tener ese tipo de relación. Abrir o cerrar. Me parece, eso sí, que es conveniente ir terminando con la ley del embudo. Esa que abre mucho por una parte (la del hombre normalmente) y apenas deja un agujerito de apertura a la otra persona. De los celos y cómo afrontar todo ese tipo de situaciones se puede hablar más adelante.

Pero por ahora la única pincelada que quiero dejar es que lo de los celos no son buenos. Ni pocos ni muchos ni “lo normal”.

Siendo este un tema sobre el que me apasiona discutir y elucubrar, también me gusta reconocer que no tiene tanta importancia. Que se organizan grandes performance sobre los deslices o los tonteos. Que la gente afirma con gran solemnidad que nunca perdonaría una infidelidad (aunque aquí el concepto fidelidad se está utilizando mal) y luego perdona cosas realmente peores.

Me resulta muy triste escuchar a gente que puede perdonar actos de violencia, humillaciones o faltas de respeto pero que lo de la infidelidad (en términos de exclusividad sexual) le parece algo innegociable. Creo que esa revisión está pendiente. Si todo ese control que se pone sobre la libertad de la otra persona, no se debería poner en otros temas más peligrosos. Y que, desgraciadamente, son cada vez más comunes dentro de las relaciones.

Sin parecer que las nuevas generaciones tengan claro ya que lo innegociable debería ser la violencia, física o verbal. Las otras cosas, pues ya los podemos ir hablando. Pero hay cosas que no admiten mucho diálogo.

Respeto, fidelidad y lealtad

Retomando el concepto de infidelidad me gustaría terminar por aclarar un poco esa confusión de términos tan común hoy en día. El respeto, la fidelidad, la lealtad no tienen que ver únicamente con el sexo. Ni mucho menos con determinadas interpretaciones del sexo.

El establecimiento de vínculos íntimos, afectivos, de confianza debe cimentarse en muchos ámbitos de la relación siendo el sexo uno más de ellos pero no el único. Y descartando la moral sexual como el elemento crucial para establecer el bien, el mal dentro de una relación.

El primer paso al tratar la fidelidad creo que debe ser hacia el interior. Establecer una coherencia entre actos, ideas y concepciones de la vida. La definición “Firmeza y constancia en los afectos, ideas y obligaciones, y en el cumplimiento de los compromisos establecidos” me parece realmente buena. Más allá de que no sea firme ni constante en nada, me gustaría destacar lo de “compromisos establecidos“.

Compromisos Establecidos

Y es que la parte importante de este post es esa. Los compromisos deben establecerse, verbalizarse, discutirse, comentarse pero tenerlos claro. No suponer o interpretar una serie de situaciones que llevan a otras situaciones y que comienzan un encadenamiento sin fin de cosas que no se hablar pero se dan por sabidas.

Los compromisos deben establecerse, verbalizarse, discutirse, comentarse pero tenerlos claro

No pretendo hacer, aunque siempre acabo haciéndolo, una apología del fin de la exclusividad. No tengo nada en contra de que dos personas decidan no acostarse con nadie más. O tres. O no acostarse. O solo para procrear.

Lo cierto es que me da igual desde la promiscuidad más desbocada a la castidad más recalcitrante. Insisto que aquí estoy con exclusividad sexual, para mucho más daría la exclusividad afectiva o, en términos materiales, la temporal. Lo único que digo es que no hay que dar nada por supuesto al iniciar una relación. En este caso concreto porque ni siquiera cuando cabía dar por supuesta la exclusividad seual, existía tal situación con carácter universal. Mucho menos ahora.

Así que con el fin de evitar sorpresas y en aras de la construcción de relaciones sinceras y dialogantes, lo mejor es hablarlo. Se tome luego la decisión que se tome y, pero esto da para otro post, sin caer en chantajes o en presiones para escoger la forma que quiere la otra persona.

Que las decisiones o elecciones sean realmente libres o fruto de la persuasión o seducción de otra persona es otro riesgo interesante. Por eso suelo proponer reflexionar estas cosas antes de iniciar cualquier relación aunque, evidentemente, se pueden dar variaciones a lo largo del proceso.

Aunque me gusta mucho la canción que he puesto al principio, hablar de este tema siempre me recuerda a esta, para que luego os quejéis del reggaeton.

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